Por Noel Breard*
Como aportamos para «llegar al futuro», una gran autocrítica nacional y una propuesta abierta, pluralista, que atienda.
A) Una nueva matriz productiva que genere productividad y, por consiguiente, competitividad sustentable.
B) Equilibrio fiscal.
C) Manejo y reducción de la deuda pública externa y nacional con un nuevo gerenciamiento activo, que neutralice el crecimiento inercial por el solo transcurso del tiempo, además de otras políticas a seguir: reducción del riesgo país, baja de intereses, recompra de la deuda a valor de mercado a través de fondos fiduciarios nacionales, trabajo consensuado con acreedores, etc.

Leyendo en el estudio la obra de Andrés Malamud, Adelante radicales: ensayos (y una ficción) sobre el futuro del radicalismo, me inspiré a reflexionar y hacer una pequeña síntesis de esperanza. Vale la pena hacer política porque el espacio público que ocupan las corporaciones representa un interés sectorial; deben existir, pero no para ocupar el lugar del interés general. Cobra importancia hacer política. La política adquiere un lugar en la consideración pública cuando hacemos autocrítica y nos ocupamos del interés general. La gente nos vuelve a acompañar, como en la provincia de Corrientes, y así debe expandirse en el país.
El radicalismo es de un material especial que le genera una gran «resiliencia»: en la adversidad, renace en el momento oportuno cuando la Nación demanda institucionalidad y más República para darle vigor a la democracia.
Estas tres propuestas deben darse en forma simultánea. Cualquiera que no esté en línea llevará al fracaso y requiere un gran consenso. Hasta ahora probamos todas las ideologías y no se pudo domar el potro; siempre terminamos con el carro y los caballos desbocados y sin control (crisis de balanza de pagos).
Tiene el signo del ave fénix (1). Ya vivió en los tres últimos siglos y trajo por primera vez en la Argentina la democracia social y plena con Hipólito Yrigoyen; con Alvear, una gran estabilidad y un crecimiento con paz social; con Arturo Illia, crecimiento económico, lucha contra las corporaciones del petróleo y los medicamentos —con la famosa Ley Oñativia— y una gran honestidad. Con Alfonsín cerramos el ciclo de seis golpes de Estado cívico-militares: fuimos la paz, fuimos la vida, derrotamos a la cultura de la muerte e iniciamos el juzgamiento a las tres juntas de comandantes y las cúpulas montoneras. Hoy, es reconocido como el padre de la democracia y de los derechos humanos.
Libertad e igualitarismo es la fórmula a seguir, es decir: “tanta libertad como sea posible, tanta intervención como fuera necesaria», pues la idea de que la mano invisible y el mercado perfecto resuelven los fallos de mercado en todos lados quedó demostrado que es ciencia ficción.
(1) El fénix es un ave legendaria e inmortal que se regenera cíclicamente o renace. Originario de la mitología griega, tiene analogías en muchas culturas, como la egipcia y la persa. Asociado al sol, el fénix obtiene nueva vida al resurgir de las cenizas de su predecesor.
*Senador provincial por Corrientes de la Unión Cívica Radical